miércoles, 4 de mayo de 2016

Así

Imagina que pierdes las gafas en mitad de una multitud,
que ves, a todo el mundo, cantar una canción que no conoces,
que se te borran todos los mensajes, y al azar,
que tus canciones favoritas empiezan a sonarte a desconocidas,
que te leen tus poemas y no sabes de quien hablan,
que te sueltan en mitad de otra vida con los ojos vendados y un
[mapa de mentiras,                                                    
que tus amigos, de repente, no saben ni oírte ni entenderte,
que un día te despiertas, y se te han desordenado todas las fotos,
que miras al espejo, y no reconoces lo que ves.

Así me siento yo,
desde que tu no me miras.



El texto es del maravilloso Pablo Benavente
y aparece en su libro "Izar la Negra".
En cuanto a mí, ahora me muevo en otros mares.

miércoles, 17 de febrero de 2016

Una despedida no siempre es un adiós

Hay cosas que son muy difíciles de cambiar, amistades que aunque se disipan siguen presentes, amores que matan por eso de que el amor cuando no muere mata porque amores que matan nunca mueren. Personas que han muerto y sin embargo su recuerdo esta más ciego que nunca.
Existen también sonrisas de melancolía y lágrimas de felicidad, por eso no entiendo porque siempre lo relacionamos con lo contrario. Joder, he visto llorar a mi madre cada vez que mi hermano triunfaba y la eh visto sonreír cuando el mundo en realidad se estaba yendo a la mierda.
Crecí siendo adulta y ahora cada vez soy mas niña, porque no sabéis cuanto añoro mi inocencia, que se caracterizaba por esa tendencia creer que todo es posible, sentir esas mariposas que revoloteaban y que ahora han vuelto a ser orugas.
También he sido espectador, actriz y guionista , acabando a veces con el escenario y quemando un telón que ninguna culpa tenia de que el argumento no me gustase.
He mentido para no hacer daño y fui sincera para herir en lo más hondo del  que me había bombardeado. Muchos han dudado de que fuese capaz de hacer algunas cosas y luego he brindado por ellos cuando he llegado  a la cima y les he mandado un beso cargado de reproches, porque también eh sido Judas Iscariote.
He sido creyente y eh dudado de Dios y su mandato, no supe que era el amor hasta que leí a Benedetti y la primera vez que probé esta droga fue leyendo a uno de los grandes y desde entonces necesito mi dosis diaria de besos de Neruda, sentimientos de Becker y dosis de realidad de Escandar. Y no te voy a mentir cada día necesito respirar cada vocablo, sentir en mis venas fluir la poesía y llegar a lo más alto, aunque no se a donde, en una especie de éxtasis en forma de métrica.
Por eso ahora cuándo dejo mi tierra me da miedo mirar atrás y ver que algunos errores no me sirvieron para nada, si no para darme cuenta de que la vida no es más que una lucha, que no se luchar pero todavía me mantengo en pie y no se por qué y que respirar a veces puede ahogarte.
Y por eso odio profundamente las despedidas, porque llevan un mensaje subliminal que grita que no puede haber mañana, porque de todos los vocablos que me llevan al cielo la única que me da miedo es...adiós.
 
- Loreto Sesma.

jueves, 4 de febrero de 2016

Ahí va la niña.

Ahí va una niña, con cara de buena, recién maquillada, sabiéndose guapa, cerrando la puerta en la cara de un niño con granos y pecas, y sexo a escondidas, con fotos que sube la niña posando en las redes que atrapan al niño que mira.
 
Y ahí va la niña, sin tragar el humo, mirándose quieta en cristales de coches que habitan la cera y el niño en la otra, creciendo la pierna del medio, se sabe perdido y la espera como cada tarde sin que ella lo sepa.
 
Y ahí va la niña, con otro más guapo, pero sin bandera, sacándose fotos en moto sin casco y el niño  no sabe, lo mucho que vale, y vuelve a las redes, que nunca sociales. Y espera el recreo, y una de esas tardes le dice "te quiero, hoy vengo a buscarte". Y ella dirá que no, y él perderá una vida. Y así se hará mayor, y el sentirá el adiós de un beso en la mejilla...
 
Ahí va una vieja, llorando a escondidas, con coche de empresa, buscando una niña que sale de clase. Ahí va ese padre, felizmente tarde, con una señora con cara de dama, un niño con pecas se sube al Volkswagen. La prisa les hace casi darse con una señora y su niña. Levantan la vista, la dama no entiende por qué los dos lloran si no ha pasado nada. Y el hombre la mira, quince años más viejo, se acerca al espejo y con voz de familia le dice a la niña con cara de buena "sigue usted sin verme".
 
La niña suplica, el hombre contesta vaciando una vida... "tarde".
 
 
- Andrés Suárez

sábado, 26 de diciembre de 2015

Haz que no parezca amor.

Haz que no parezca amor, que es lo que se lleva ahora.
Duelen tantas tripas en nombre de la libertad. Tú dices libre y yo digo cobarde.
Cobarde todo aquel que no es capaz de comprometerse con el instante.
Cobarde todo aquel que no esté presente cuando el otro está desnudo y vulnerable.
Cobarde todo aquel que puso un límite desde el principio.
"Yo es que no quiero nada serio". Cómo si no fuera lo bastante serio estar dentro, físicamente, de otro ser humano.
"Yo es que no creo en las etiquetas". Cómo si ponerle nombre a las cosas fuera algo malo.
"Yo es que busco pasar el rato". Cómo si la vida fuera para siempre.
Hay algo tan neurótico en nuestra manera actual de relacionarnos, tan irrespetuoso con la vida, tan impaciente. Y queremos más.
Más picante. Más gordas. Más grandes. Más altos. Más guapas. Más fuertes. Más delgadas.
Nos aburrimos porque no nos soportamos a nosotros mismos, porque no queremos que nadie nos conozca, porque es más sencillo empezar de nuevo cada poco vendiendo nuestra mejor cara. Porque es mucho más sencillo follar que limpiar lo follado. Porque tenemos miedo a que en el fondo seamos un auténtico fraude, a que cuando el otro arañe un poco vea que no hay nada, nada serio. Y aquí seguimos rascando, cambiando cromos repetidos, poniéndonos ropa interior cara para que otros se limpien los pies al entrar. Haciendo del amor una servidumbre de paso.
¿No sientes a veces que tú vales más de todo eso que haces? Que tú eres jodido milagro, con tus ojos que todavía pueden ver, con tus pies moviéndose para llevarte al lugar que quieras, con tu boca capaz de dar las gracias, con tu piel ocupando una plaza en el mundo.
¿No sientes a veces que tú te mereces más que lo poco que te dan? Dos besos mal pegados, tres minutos entre las piernas, cinco embestidas y un whatsapp: No me agobies.
Lo más triste es que esta sociedad ha conseguido invertir los papeles. Ahora, si dices que sientes algo estás loco, es muy pronto, muy arriesgado, poco inteligente. Dime tú, ¿cómo lo haces para no sentir algo cuando lo haces? ¿Cómo se finge la vida? ¿Cómo se hace para que nunca parezca amor y que simplemente parezca un accidente?

Texto: Roy Galán
Vídeo: Mateo Sánchez.


lunes, 30 de noviembre de 2015

Tengo dos recuerdos guardados en mi mente como si fuesen el mejor tesoro del mundo.

Uno de ellos es de mi hermano, de aquella vez que creyó estar viendo a los reyes magos. Aún era un enano que no pasaba del metro cincuenta y los dos estábamos adormilados en el sofá. Hacía tanto frío que los dos compartíamos una manta y cuando la ventana se empañaba por la niebla escribíamos nuestros nombres con los dedos. El ruido de los cascos de unos caballos nos despertó, y mi hermano, abriendo los ojitos de par en par miró por la ventana. Entre la niebla aparecieron tres figuras vestidos de reyes magos y a mí nunca se me olvidará la cara que puso. Ni la forma en la que mi padre lo miraba. Y ese nerviosismo que le despertó, la ilusión en su cara y su forma de obligarme a irme a con él a la cama, porque los niños deberíamos estar ya dormidos.
El otro, es de dos personas que decidieron que el amor se acaba cuando llega la distancia. Pero dos meses después volvieron a verse en una estación, al bajar uno de ellos de un tren, y se dieron cuenta de si se quiere la distancia realmente es un número. Fue el abrazo y el beso más bonito que he visto en toda mi vida.

A mí, durante el último año me han preguntado varias veces que por qué te quiero, y creo que ya lo sé. Te quiero porque lo estás haciendo muy bien para todo el desastre que supongo, porque crees en mí más de lo que alguna vez lo he hecho yo misma, y sobre todo, porque eres la persona que puede superar esos dos recuerdos y cambiarme la vida.

viernes, 21 de agosto de 2015

Cerrado por defunción de órgano.

Se rompió.

Juro que intentaba que no se cayese, pero tenía las manos tan dolidas que parecía que los dedos se me fracturaban como las hojas secas bajo los pies de un niño.

Yo no contaba contigo y apareciste pisando fuerte y rompiendo todos mis esquemas con la misma facilidad con la que un huracán tumba un castillo de naipes.

Sujetabas mi mundo que pendía de un hilo y yo nunca tuve cojones de levantar el tuyo. Demasiado grande, demasiado pesado.
Demasiado insuficiente.
Yo.
Para ti.

Era más fácil cuando tu eras el que sujetaba la pistola y yo la que decidía apretar el gatillo. Ahora que es a la inversa veo que lo difícil no es disparar, es elegir dónde.

Duele más una sístole y diástole que una herida. Eso lo he sabido siempre.
Nunca creí en los para siempre y cuando apareciste jurándome una vida no pude soportarlo.

Es una puta ironía,
Pero desde ti no he sentido otra cosa.
Después de ti, nada.

Y aún me da por pensar en cuando me decías:
"Pienso quedarme contigo, al menos, una vida."

Y nunca nadie me dijo, que la muerte de un corazón, ya era perder una.


miércoles, 5 de agosto de 2015

"Todos tenemos miedos, 
aunque lo bueno de esta vida 
es que nadie nos pregunta 
cuáles son los nuestros."
- Albert Espinosa.

Y es cierto que todos tenemos miedos escondidos que no le contamos a nadie. Como el miedo a la muerte, a la soledad, a estar a oscuras en un sitio que no conoces, a los finales y las rupturas, a no estar a la altura y dejarnos caer, morir y matar incluso cuando somos nosotros mismos los que apretamos el gatillo. 

Llevo toda la vida intentando superarlos, extirparlos y sacarlos de mi mente como aquel que se quita la muela del juicio cuando duele. Qué fácil sería todo si pudiésemos filtrar los recuerdos. Podríamos quedarnos con el primer beso, la primera declaración de amor, la primera matricula en la universidad, el primer baile, la primera cita, la última copa del viernes con los de siempre, la primera vez que te declaraste a alguien, los abrazos de tu mejor amigo después de mucho tiempo sin verle... Eliminariamos la primera vez que nos mintieron, la vez que decidieron infravalorarnos, las despedidas, la primera vez que lloraste por algo importante o la primera vez que te partieron el corazón. 

Tardé diecinueve años en encontrar a alguien que me mirase a los ojos y me dijese que quería saber todos mis miedos para estar a mi lado entonces. Me pareció precioso porque fue la primera persona que en lugar de intentar evitarlos quiso quedarse a pasarlos conmigo. Y me parece la forma mas bonita de crecer. 

Desde ese día compartimos los pánicos y la vida, y a mi sólo me aterra una cosa: perderle ahora que me ha encontrado. 

miércoles, 17 de junio de 2015

Si volviera a nacer

Si volviera a nacer, me gustaría decirte que corregiría errores, pero pasaría seguramente por las mismas cosas. 

Me equivocaría en los mimos sitios, y acertaría más bien poco o casi nunca, porque si volviera a nacer me gustaría decirte que sería más duro, más experimentado, más sabio, pero imagino que nada, que acabaría diciendo los mismos "te quiero", los mismos "te odio", los mimos "adiós".

Volvería a llorar por los mimos éxitos, y a reír por los mismos fracasos, porque son ellos los que me han traído hasta aquí.

Nadie sabe muy bien lo que haría si volviera a nacer, pero yo sin embargo, ahora sí se algo. Lo que sé es que si volviera a nacer, volvería a buscarte. Exactamente igual. No pararía hasta volverte a encontrar. En aquel sitio, a la misma hora. Volvería mucho más nervioso que aquella primera vez. Intentaría   decir lo mismo que dije para llamar tu atención, aunque supiera que lo nuestro iba a tener un final. Te miraría a los ojos como estoy haciendo ahora, y te diría sólo una cosa... que si volviera a nacer, volvería a buscarte una y mil veces más, que si volviera a nacer, volvería con los ojos cerrados.

- Risto Mejide. 

miércoles, 10 de junio de 2015

Mejor prevenir(te) que curar

Tengo que decirte que a distancias cortas y con un par de cervezas o con un café en mano gano mucho, que a primeras seré lo más tímido que te puedes echar a la cara, pero dame unas horas y un par de conversaciones para que te tome como un amigo más o qué se yo, algo eterno, efímeramente eterno.

Creo que soy un poco autodestructiva cuando ni siquiera intento serlo. Así que a todo aquel que llegue nuevo a mi vida, quiero decirle un par de cosas para que no se asuste y que como dice el dicho: "mejor prevenir que curar". Así que allá va:

Tengo mucho miedo a volver a sentir algo por alguien y siento mucho cuando notes que te alejo, porque lo hago sin querer; voy a pensar que no te gusto, porque antes he gustado mal; voy a pensar que no me quieres, porque me han querido mal; voy a pensar que eres uno todo el tiempo, y no dos a casa instante: voy a pensar que no voy a tener rosa, ni sorpresa, ni palabras de agrado o afecto, porque me enseñaron que para algo efímero ¡para qué esforzarse! si va a acabar igualmente.

Te prometo que no voy a querer dudar de alguna de tus caricias, al contrario, pero lo voy a hacer; y me voy a poner borde, y pesada cunado crea que te estoy perdiendo. Confiaré en las segundas, terceras y octavas parte aunque por dentro esté cagada de miedo; querré verte a diario, pero necesitaré espacio; me picaré mucho, pero me enfadaré poco; fallaré en mil intentos, pero siempre pondré empeño en hacerlo(nos) bien; soltaré muchas indirectas pero no sé decir las cosas de otra forma, aunque intentaré aprender; preguntaré por todo, parte de mí sigue en la etapa de los porqués y de la curiosidad.

Te leeré y aprenderé pronto: intentaré no decir nunca un "lo siento" y si lo digo, que sea porque te he besado más fuerte de lo normal. Meteré la pata, habré metido la pata ya, pero hasta en sueños, mi subconsciente me dice lo tonta que he sido y lo que tengo y debo hacer. Te miraré constantemente para intentar adivinar porqué me ves con esos ojos, porqué te sale esa media sonrisa. Necesitaré que me hagas reír y que hagas conmigo payasadas.

Yo no soy perfecta, soy un auténtico desastre con necesidad de un poco de orden. Soy un lío, soy un puto lío, me tropiezo conmigo misma pero porque según dicen, ando bailando, saltando.

Lo único que puedo ofrecerte es mi preciado desorden; ofrecerte una sonrisa en la cara las 24 horas del día, y un buenos días/noches cuando te acuestes y te levantes;, un abrazo sincero que te haga sentir en calma y no te moleste.

Te ofrezco centímetros aunque haya kilómetros.
Te ofrezco baile entre semana y domingos de cine.
Te ofrezco un mañana, porque las cosas se construyen poco a poco.

 Un: "ha valido la pena compartir desastre."

-Anónimo

lunes, 30 de marzo de 2015

Nunca supe absolutamente nada sobre la vida. Tampoco lo sé ahora. 

No tengo ni idea de que hacer conmigo. Con las ruinas que quedan de lo que fui o de lo que soy. Porque soy un desastre. Y bendito el que venga a intentar arreglarlo.

¿Cómo voy a saber contestarte en futuro si no sé hablar en presente?

Y es que no, no tengo ni idea de a dónde voy a ir. Si viajaría primero a Orlando o a Alemania, o si Ámsterdam sería el mejor sitio para vivir. 

Lo cierto es que fugarme siempre me pareció una buena opción y, aunque siempre he sabido con quién, nunca he sabido cuándo.

Nunca he sabido definir nada y mucho menos definirme a mí. Así que me parece una tontería que me pregunten por cosas que no pueden explicarse. Porque si me preguntasen por el amor no sabría responderles. Ni siquiera sabría si decirles que es cuando te ríes en medio de un beso o cuando miras a los ojos de alguien. Cuando te giras a ver a la otra persona marchar o cuando lo comparas con el ritmo de un corazón en su primer beso.

No sabría si decirles que cada uno tiene una definición de amor y que tú encajas en todas las mías.


Pero, si algo sé con certeza, es que yo tampoco quiero perderte.




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martes, 17 de marzo de 2015

Cuentan que una vez se reunieron en un lugar de la tierra todos los sentimientos y cualidades del hombre.
Cuando el aburrimiento había bostezado por primera vez; la locura como siempre propuso.

- Vamos a jugar al escondite.

La intriga levantó la ceja intrigada y la curiosidad sin poder contenerse pregunto:

-¿Y como es eso?

Es un juego - Explico la locura - en que yo me tapo los ojos y cuento hasta 1000 y al primero de vosotros que encuentre, ocupará mi lugar para continuar el juego.

El entusiasmo bailo entusiasmado secundado por la euforia.

La alegría dio tantos saltos que terminó por convencer a la duda e incluso a la apatía a la que nunca le interesaba nada. Pero todos quisieron participar.

La verdad, prefirió no esconderse ¿Para qué? Si al final siempre la hallaban, y la soberbia opinó que era un juego tonto (En el fondo le molestaba que no hubiera salido de ella) y la cobardía prefirió no arriesgarse.
1… 2… 3… comenzó a contar la locura:

La primera en esconderse fue la pereza que como siempre se dejo caer tras las piedras del camino.

La fe subió al cielo y la envidia se escondió tras el triunfo, que con su propio esfuerzo había logrado subir al árbol mas alto.

La generosidad casi no alcanzaba lugar para esconderse, cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos. Así termino por acurrucarse en un rallito de sol.

El egoísmo en cambio encontró un sitio muy bueno desde el principio: aireado, cómodo, pero sólo para él.

La mentira se escondió en el fondo de los océanos (mentira, en realidad se escondió detrás del arco-iris) y la pasión y el deseo en el centro de los volcanes.

El olvido... se me olvidó donde se escondió el olvido.

Cuando la locura llegó a 999 el AMOR no había encontrado aún un sitio donde esconderse. Entre las flores….

¡¡¡¡ 1000 !!!! contó la locura y comenzó a buscar...

La primera fue la pereza a solo tres pasos detrás de una piedra, después se escuchó a la fe discutiendo en el cielo sobre zoología y a la pasión y al deseo los sintió vibrar en los volcanes...

En un descuido encontró a la envidia y claro, pudo deducir donde estaba el triunfo.

Al egoísmo no tuvo ni que buscarlo el solo salió disparado de su escondite que resultó ser un nido de avispas…

De tanto caminar sintió sed y al acercarse al lago halló la belleza, con la duda resultó más fácil todavía, pues la encontró sentada en una cerca sin decidirse en que lado esconderse.

Así fue hallando a todos...

Al talento entre las hierbas frescas, a la angustia en una oscura cueva, a la mentira detrás del arco-iris (mentira, la encontró en el fondo del mar). Hasta el olvido había olvidado que estaba jugando a los escondidos…

Pero solo el AMOR no aparecía por ningún sitio, la locura lo buscó detrás de cada árbol, bajo cada arroyuelo del planeta, en la cima de las montañas y cuando iba a darse por vencida divisó un rosal y pensó:
El AMOR como siempre tan cursi seguro que se escondió entre las rosas. Tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas, cuando de pronto un doloroso grito se escucho.

Las espinas habían herido los ojos del amor. La locura no sabía que hacer para disculparse, lloró, rogó, imploró, suplicó, pidió perdón y hasta juró ser su lazarillo.

Y desde entonces... desde que por primera vez se jugó en la tierra al escondite:

“EL AMOR ES CIEGO Y LA LOCURA LO ACOMPAÑA”

sábado, 14 de marzo de 2015

Querido Marcos.

Querido Marcos, 

recuerdo cuando dijiste que al menos una vez en la vida hay que cambiarle la vida a alguien. Como Albert Einstein, que decía, que si pasas el resto de la vida de un pez enseñándole a trepar a un árbol pasaría el resto de su vida pensando que es un inútil. 

A eso me refiero, a que todos tenemos un lugar donde ser brillantes. pero el día que la humanidad entienda que el físico es secundario se dará cuenta de por qué de un regalo siempre tira el envoltorio. por eso no es la mirada, es quien te mira. Como cuando sientes algo que nunca has sentido y lo mejor es averiguar qué es. Y es que muchas de las mejores cosas en la vida son aquellas que nadie ha descubierto antes. Como aquel desierto que ahora todo el mundo llama "Las Vegas", o como conectar a todo el planeta entero a través de un hilo y llamarlo internet.

Y tranquilo, que no son las veces que te caes, es cómo te levantas, que merece la pena luchar por aquello que te haga sentir vivo. porque no hay nada que se merezca tu alegría que se consiga sin esfuerzo. 

Prométeme que correrás bajo la lluvia, que le demostrarás al mundo entero de todo lo que eres capaz. Que yo ya sé que la gente entra y sale de nuestras vidas casi tantas veces como aire respiramos, pero te tienes que quedar con quien te baje las estrellas y no con quien te haga soñar con ellas.

¿Sabes cómo reconocer a alguien especial? Por los abrazos. Porque cuando te dan uno de sus abrazos  que hacen que se detenga el tiempo y que suspires profundo deseando que ese instante sea eterno., cuando eso sucede, me doy cuenta que todo es posible. y ahí es cuando me acuerdo de ti, que tendemos a cometer ese grave error de esperar a que ocurra algo tan caótico que le de la vuelta a la vida para dar el paso, para arriesgarse, probar cosas nuevas, decir "te quiero", sentir, enamorarse, vivir...


¿Qué tal un así porque sí? Porque me apetece. Aquí. Ahora. Y contigo. 

Que al miedo hay que mirarlo de frente y a los ojos Y así puedes dejarte llevar por ese puto motor que te late en el pecho, que toda pesadilla tiene su despertar, porque el valor es el resultado de un gran miedo. Y tú has llegado a mi vida como los súper héroes, dispuesto a quitármelo. 

No me rindo, porque sé que te prometí que nunca lo haría, sólo quería decirte que tampoco sé cómo se sale de Roma, pero si lo supiera, pasearía todos sus caminos contigo.

https://www.youtube.com/watch?v=6hhUlXP2G1k 

domingo, 8 de febrero de 2015

"Un día escribí unas cuantas líneas
y un chico hizo magia con ellas.
Aún no sé cómo darle las gracias."



Me di cuenta tarde. Ya te habías llevado todo lo que te pertenecía.

Fue todo un detalle no llevarme contigo. 

Lo que más me dolió fue darme cuenta de que lo tuyo no eran dedos, sino puñales. Y que cuando contabas mis lunares lo que hacías era clavarlos en mi espalda con la intención de cortarme las alas e impedirme volar.

Siempre supe que eras tú la experta. En las mentiras. En las caídas. Y en romper todo cuanto se ponía a tu paso. 

Ahora ya sólo somos dos lágrimas de hielo que se derriten, que se fugan, que se pierden y se extinguen en la última discusión, el último portazo, el último adiós, cuídate.

La palabra nada es el sinsentido que revuelve los primeros ecos de la nostalgia: un cajón donde se esconden las primeras bragas que te has olvidado, me llamas para eso, los cigarrillos con manchas rojas de carmín, la vieja deleznable que nos mira, jódase, señora.

Todo lo que nos hizo escala en la piel está estrellado, roto, calcinado. Y me cago en las putas cenizas que un día fueron la excusa para pintarte las mejillas de india oriental, de guerrillera selvática, y hoy son sólo algo que ardió y ha quemado. 

Y es terrible mirarse al espejo y buscar la sombra que me diga: 
Nada es tan hermoso como tu cuerpo atrevido…, el amor es femenino, lo sé cuando tu lengua roza mi estómago, cuando tus piernas encajan en mí y electrocutan.

Y es terrible saber que en una cama bilingüe de mujeres también se esconde una femme fatale.

A Juli, por escribir y poner la piel de gallina.

martes, 9 de diciembre de 2014

El capitulo 7 de rayuela siempre marcó un antes y un después.
 El después viene cuando te conocí.

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliese de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar. Hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua.

- Julio Cortazar, Rayuela.

domingo, 30 de noviembre de 2014

1:59

La otra noche me preguntaron qué pasó y a mí sólo se me ocurrió decir: él.

Qué respuesta más estúpida. Pero es que ya van 83 días y él aún no ha terminado de pasar. Mira, yo no sé si el problema es suyo o de mis pupilas, pero desde entonces veo el mundo de otra forma que no sea destrucción.

Hay ruinas que no acaban nunca. Hay ruinas que fueron así desde el principio y, perdona el atrevimiento, no sabéis lo bonitas que me resultan las grietas desde que me enseñaron que no tienen que doler.

Lo mismo con las cicatrices. Conozco a alguien que tiene una cerca de la clavícula, y es preciosa. 

Nunca he querido decir que el mundo sea feo, pero sí que hay personas que lo hacen más bonito. Más redondo. Más perfecto.

A mí que no me hablen de precipicios si no te han mirado los ojos.

Qué sabrán lo que es hogar si nunca te han rozado los labios, y dime, qué pueden decir de sentirse pequeña si nunca les has besado la frente.

Qué sabrán ellos del agua si nunca les ha llovido mientras iban de tu mano.

Y qué sabrán ellos de amor, si nunca han querido parar el mundo en mitad de un abrazo tuyo.

-Alicia López